El 17 de septiembre, unos días antes del equinoccio de otoño, el Roca Barcelona Gallery acogió la sesión «Variaciones…», dentro del ciclo Arquitectura Música · Musicxs Arquitectxs. El ciclo, organizado por Figueras Seating junto a Roca, ya va por su sext temporada.
La sesión fue comisariada, como siempre, por Félix Arranz, y reunió tres proyectos que, como las variaciones de una pieza musical, giraban alrededor de una misma pregunta. ¿Cómo se construye un lugar para que suene, se baile y se escuche, cuando ya hay una ciudad, un paisaje o una fábrica esperando?
Un auditorio que cambia de acústica según lo que pase dentro
Manel Bosch presentó el Auditori Palau de Congressos de Girona, que firma con Jordi Bosch y Joan Tarrús. El edificio se inauguró en 2006 y está en el parque de la Devesa. Se orienta hacia el río y el parque, y su Sala Montsalvatge, la sinfónica, tiene 1.236 butacas. Además, cierra el conjunto, hasta entonces indeciso, que formaba con el vecino palacio ferial de Llistosella y Montsalvatge.
Figueras Seating conoce bien este proyecto, porque participó en él con sus asientos. En la Sala Petita instaló 178 asientos junto a la mesa F48, una combinación pensada para conferencias, congresos y jornadas largas de trabajo. Escuchar a Manel contar el proceso desde el lado del proyecto sirvió de recordatorio de que un asiento forma parte de un sistema mayor, con su acústica, su estructura y su forma de recibir al público.
Lo que más se comentó en la sala fue precisamente la acústica. Según se explicó, la sala sinfónica permite variar el tiempo de reverberación entre 1,2 y 2,0 segundos, de modo que una misma sala acoge una orquesta o un congreso sin que ninguno de los dos usos salga perdiendo. El edificio se sectoriza para que sus salas funcionen a la vez, con la logística orientada hacia la Fira. La estructura completa el cuadro con grandes luces, voladizos y una losa postensada que exigió un control muy estricto de las flechas. La flexibilidad de uso casi siempre tiene detrás un problema técnico bien resuelto, y ese trabajo rara vez se ve en las fotografías.
Una nave fabril convertida en casa para la danza
Maite Hernando y Sara Galmán, del estudio Gdmas, dieron cuenta del Graner. En mayo de 2007 redactaron el documento de trabajo del programa «Espais per a la creació a Barcelona», donde valoraban el patrimonio y las posibilidades de varios edificios de la ciudad para acoger nuevos equipamientos culturales. La nave, proyectada por Josep Maria Soteras Mauri en 1959, era el horno secador de bombillas de la antigua fábrica Philips, y la reforma se terminó en 2011.
Cuando entraron por primera vez, la nave estaba vacía, sin compartimentaciones ni maquinaria, y medía 20 por 30 metros con 20 de altura. El reto era alojar varias salas de danza en un espacio pensado para otra cosa, pero sin perder lo que lo hacía valioso. Según se contó en la sesión, la solución pasó por dividir la nave en horizontal y en vertical, conservar las cerchas originales y convertir la chimenea de evacuación de calor en un lucernario. Para el aislamiento acústico se recurrió a una «caja dentro de caja», con una estructura interior desacoplada de la original.
Hoy el Graner suma 1.000 m² con cuatro salas de ensayo, creación y puesta en escena. Forma parte del programa Fàbriques de Creació del Ayuntamiento de Barcelona y lo gestiona el Mercat de les Flors. Llama la atención cómo un conjunto de decisiones pequeñas y muy concretas dio lugar a un equipamiento con identidad propia.
Un club de conciertos que se rehace desde cero
Jorge Vidal Studio presentó el nuevo Sant Jordi Club, que desarrolla con el estudio parisino Bruther. La propuesta ganó el concurso internacional convocado por BSM, con una inversión de 70 millones de euros y una puesta en marcha prevista para 2029. Será un edificio rectangular de 17.000 m² y unos 25 metros de altura, con dos plantas subterráneas, y pretende respetar el protagonismo del Palau Sant Jordi de Arata Isozaki.
El proyecto contempla derribar la sala actual, inaugurada en 2007, y construir una nueva. Tendrá aforos flexibles de entre 3.500 y 9.000 espectadores, con gradas fijas y retráctiles. En la sesión se habló del escenario móvil, de las vigas perimetrales y de las pasarelas técnicas suspendidas que hacen posible esa versatilidad. También se habló de algo que rara vez aparece en un render, como es dónde se colocan los baños para que no se congestionen en los picos de uso. El exterior se organiza además en tres plazas con funciones diferenciadas.
Las notas que se quedan
Vistos juntos, los tres proyectos dejan algunas ideas útiles para cualquiera que proyecte espacios para el público.
- Reutilizar y derribar pueden ser decisiones igual de responsables. El Graner aprovecha una nave con una gran fuerza formal. El Sant Jordi Club parte de que la sala existente no podía dar lo que se le pedía. Cada caso se apoya en su contexto, en su programa y en lo que se quiere conservar de la memoria del lugar.
- La flexibilidad se proyecta desde el principio. Reverberación variable, gradas retráctiles o cajas desacopladas son sistemas con su estructura, sus instalaciones y su mantenimiento.
Hubo además una frase casi al final que resume bien el enfoque de quien trabaja con el público sentado. Para que un acto funcione hay que poder ver, oír y estar cómodo, y si alguna de las tres cosas falla, la atención se pierde por buena que sea la arquitectura. Es una vara de medir sencilla y exigente.
También merece destacarse el propio formato del ciclo. Enseñar el trabajo a colegas, con sus dudas y sus problemas de obra, genera una documentación compartida que ningún estudio consigue por separado.
Tres formas de variar, también al piano
El cierre fue de Nicolás Coll Leclerc, músico y arquitecto recién titulado, que convirtió el tema de la sesión en una lección de jazz. Mostró tres tipos de variación. Ampliar los acordes más allá de mayor y menor para conseguir sonoridades más ricas. Construir solos a partir de paletas de notas que encajan con cada acorde. Y tocar «solo piano», donde dos manos asumen a la vez bajo, armonía y melodía.
Cualquiera que proyecte reconoce algo en esto, porque también se trabaja con una estructura dada, con un conjunto limitado de recursos que funcionan y con la necesidad de resolver varias capas a la vez. Entre otras piezas, sonaron There Will Never Be Another You y You’re Too Beautiful, y la sala se quedó en silencio.
Para quedarse con algo
La sesión dejó más preguntas que certezas, que probablemente es lo que corresponde a un encuentro sobre variaciones. Si hubiera que resumirlo en una idea, sería que un buen espacio para la música o la danza se parece a un buen tema de jazz. Tiene una estructura clara y deja sitio para que cada uso lo interprete a su manera.
Figueras Seating agradece a Roca su colaboración en el ciclo, a Félix Arranz el comisariado, a Nicolás Coll Leclerc el recital y a Manel Bosch, Maite Hernando, Sara Galmán y Jorge Vidal que compartieran su trabajo con tanta generosidad.