El pasado 1 de julio, en el marco del Congreso Mundial de Arquitectura de la UIA celebrado en Barcelona, F3 Nexus organizó su primer panel de discusión internacional. Fue un encuentro diseñado para cruzar miradas sobre el presente y el futuro de la arquitectura, la ingeniería y el espacio público. Para acoger esta conversación se eligió la Casa Moratiel, una joya del patrimonio arquitectónico recientemente abierta al público de la que en Figueras nos sentimos muy orgullosos de ser patrocinadores.
La jornada reunió a una destacada representación de la arquitectura local e internacional. Por un lado, contamos con la perspectiva de dos arquitectos catalanes con proyección internacional, Enric Batlle y Josep Miàs, junto a la moderación de Félix Arranz. Por otro, tuvimos el honor de recibir a una delegación de la UIA en China, formada por arquitectos jefes, ingenieros y directores de centros de investigación en renovación urbana y patrimonio pertenecientes a entidades de primer nivel. Un diálogo plural que permitió contrastar dos tradiciones de diseño frente a retos transversales.
El debate permitió sintetizar los cinco aprendizajes fundamentales que marcan el rumbo de la arquitectura y la ingeniería de espacios colectivos:
- Porosidad y respuesta climática pasiva: superar la edificación entendida como una escultura estática para diseñar sistemas abiertos que interactúen con sus habitantes y mejoren su calidad de vida.
- Patrimonio y memoria urbana en evolución: entender la rehabilitación como un proceso vivo que integra las capas históricas con los nuevos usos comunitarios.
- Adecuación técnica en contextos de alta densidad: priorizar la idoneidad técnica sobre el gesto formal, aplicando prefabricación modular y microintervenciones para resolver necesidades reales en comunidades consolidadas o afectadas por emergencias.
- La ingeniería del detalle en la experiencia del usuario: asumir que las decisiones de planeamiento urbano y diseño espacial colapsan en el punto de contacto directo con la persona, donde la elección del equipamiento determina la viabilidad operativa del proyecto.
La arquitectura más allá del objeto
Uno de los principales consensos del encuentro fue la necesidad de superar la concepción de la edificación como un objeto estático o una mera escultura urbana. Cuando un proyecto se diseña solo desde la forma exterior, corre el riesgo de desconectarse de su entorno y de las personas que lo habitan. La alternativa planteada por los ponentes pasa por entender la arquitectura como un sistema abierto, un mediador entre el medio ambiente, el territorio y la vida cotidiana.

Por ejemplo, en un contexto marcado por el cambio climático y el aumento de eventos meteorológicos extremos, las respuestas técnicas no pueden depender únicamente de sistemas mecánicos de climatización. La tradición constructiva de regiones con climas húmedos y monzónicos ofrece lecciones valiosas a través de la arquitectura porosa. En el proyecto del Parque Rural de Chenjia, en Shanghái, por ejemplo, el uso de amplios aleros inspirados en la tradición Jiangnan y estructuras ligeras y curvas permite que el aire y la luz fluyan libremente, transformando el clima local en un elemento activo del propio diseño.
Crear espacios intermedios o exteriores íntimos permite que la vegetación, el aire y la luz natural penetren en la trama construida. Propuestas como la fábrica de té en Jingdezhen (aún en construcción), concebida casi como un pueblo rural donde los talleres se integran en la topografía con pantallas de bambú, o el complejo SKP de Chengdu, donde gran parte del programa comercial se sitúa bajo tierra para devolver la superficie a la ciudad como un parque público accesible, demuestran cómo la arquitectura puede disolverse en el paisaje, reducir su huella energética y convertirse en una infraestructura amable para el ciudadano.
Raíces culturales y el patrimonio como un proceso vivo
El debate sobre la ciudad existente ocupó un lugar central durante la jornada. Las intervenciones coincidieron en que el patrimonio arquitectónico y los tejidos consolidados no deben tratarse como piezas de museo inmutables. Su valor real aparece cuando continúan participando en la vida cotidiana de las ciudades y se adaptan a las necesidades de cada época.
Al abordar la regeneración urbana surgieron dos miradas complementarias que enriquecieron el diálogo. Por un lado, la rehabilitación vista como una lectura atenta de la memoria. Así se abordó en intervenciones de recuperación patrimonial tanto en edificaciones coloniales de principios del siglo XX como en estructuras de los años 90 en China, donde conservar un edificio implica descubrir y mantener los valores acumulados en sus diferentes capas históricas, entendiendo que el paso del tiempo y las marcas del uso aportan un valor único al proyecto futuro.

Por otro lado, se planteó la intervención urbana como una oportunidad para restaurar funciones vitales en el territorio. Frente al crecimiento desmedido, la escala local permite recuperar geografías olvidadas, como antiguos cauces de ríos o caminos históricos, e integrarlas en la red ciudadana. El desarrollo de proyectos en Barcelona que incorporan la creación de carriles bici integrados, la gestión del agua mediante sistemas de drenaje sostenible y la habilitación de corredores biológicos, por los que transitan incluso rebaños urbanos, demuestra que la ciudad puede reparar su relación con la naturaleza mientras mejora la salud de sus habitantes.
Todas estas aproximaciones comparten una misma escala de evaluación: el proyecto debe juzgarse desde la vivencia del usuario en la calle y no solo desde la perspectiva aérea del plano. Es en la experiencia peatonal donde la memoria, la funcionalidad y la belleza espacial encuentran su equilibrio: menos God’s Eye y más Human Experience.
El principio de adecuación y la respuesta técnica en la ciudad densa
En entornos urbanos sometidos a transformaciones aceleradas, la efectividad de un proyecto depende de su capacidad para ajustarse con precisión a la realidad de su contexto. Durante la sesión se profundizó en la idea de adecuación: una actitud de diseño que renuncia al gesto formal grandilocuente para centrarse en ofrecer la respuesta técnica, climática y social que cada entorno reclama.

Esta búsqueda de idoneidad cobra especial urgencia al intervenir en zonas de alta densidad o comunidades afectadas por emergencias. Un ejemplo analizado durante el panel fue la reconstrucción participativa de una aldea rural en Pekín tras un desastre natural en 2023. A través de un sistema de prefabricación modular de 654 bloques y la recolección de materiales del propio terreno, noventa y seis familias pudieron volver a sus viviendas en tan solo sesenta días, adaptando la distribución a sus necesidades reales mediante herramientas digitales.
Del mismo modo, la respuesta técnica debe saber dialogar con las geografías extremas. Es el caso del centro de recursos geológicos y espacio cultural en la región de Xinjiang, donde el proyecto resuelve un desnivel de doce metros mediante un diseño en terrazas escalonadas que parecen brotar de la propia topografía. Para proteger el edificio de un clima árido y riguroso, la arquitectura combina estrategias pasivas: minimiza los huecos en las fachadas sur, este y oeste, utiliza aleros volados para generar sombra y dispone aperturas al norte para favorecer la ventilación natural. Además, el espacio interior integra una instalación artística que combina más de diez mil cristales artificiales con 153 minerales autóctonos para recrear la orografía de la región, conectando la precisión técnica de la eficiencia energética con la identidad geológica y cultural del territorio.

El diálogo abordó también la microrenovación urbana en barrios muy consolidados, como las intervenciones realizadas en el distrito de Ganjiakoukou en Pekín. Allí, los recursos se destinan a resolver pequeños puntos de fricción del día a día: desde la instalación de plataformas elevadoras en edificios sin ascensor para facilitar la movilidad de los ancianos, hasta la integración de robótica doméstica de asistencia o el acondicionamiento de pasillos comunitarios para pasear mascotas en días de lluvia. La innovación técnica, ya sea mediante la alta tecnología o el diseño participativo, encuentra su sentido cuando se pone al servicio de la convivencia y el cuidado de las personas.
La escala del detalle y la ingeniería del equipamiento
Las decisiones que se toman en las fases iniciales del planeamiento urbano o el diseño arquitectónico terminan colapsando en el punto de contacto más directo con el usuario: el equipamiento. Un gran recinto cultural, un auditorio o un estadio solo funcionan correctamente si la experiencia de uso en el detalle está a la altura de la escala del edificio.
Durante el panel se abordaron casos de estudio en contextos de escala y complejidad muy variados, desde recintos escénicos y teatros en Singapur, Hong Kong o París, hasta nuevos espacios culturales en Marruecos o estadios en Suiza. En todos ellos se hizo evidente que el asiento adecuado en el lugar adecuado es un factor determinante para la viabilidad operativa y la calidad visual de la sala.
Esta escala de diseño exige una adaptación sutil pero rigurosa a la especificidad local. No existe un estándar único de confort ni una dimensión universal: las exigencias antropométricas, la normativa de evacuación y las preferencias culturales cambian según la geografía. Por ejemplo, en los mercados de Asia-Pacífico suelen priorizarse respaldos con mayor firmeza y composiciones ergonómicas específicas, mientras que los estándares europeos demandan equilibrios de densidad distintos.
A esta diversidad de uso se suma la necesidad de flexibilidad. La arquitectura pública actual reclama sistemas de asientos capaces de reconfigurar aforos, mejorar la visibilidad y garantizar la sostenibilidad de los materiales a lo largo de todo el ciclo de vida del edificio, transformando los asientos en una pieza técnica clave para la rentabilidad y el confort del espacio.
Si algo nos enseñó esta jornada de debate en la Casa Moratiel es que la verdadera relevancia internacional de la arquitectura no se consigue imitando fórmulas globales. Las intervenciones que dejan una huella duradera son aquellas que nacen de un conocimiento honesto y profundo de la cultura, el clima y la memoria local.
Queremos reiterar nuestro más sincero agradecimiento a Enric Batlle, Josep Miàs, Félix Arranz y Chu Dongzhu, así como a toda la delegación de la UIA procedente de China por su generosidad, su tiempo y su visión durante esta jornada. Acoger este intercambio de ideas en un espacio tan emblemático como la Casa Moratiel ha sido un verdadero privilegio.